Los gobiernos de Río Negro y Neuquén dieron un paso político y técnico para ordenar la discusión sobre la infraestructura del Alto Valle, una región atravesada por el crecimiento de Vaca Muerta, la producción frutícola y el aumento sostenido del transporte de cargas y personas. Ambos mandatarios firmaron un convenio con el Consejo Federal de Inversiones para encarar un estudio integral que permita definir prioridades de obra y proyectar la conectividad de los próximos años.

El acuerdo fue suscripto por Alberto Weretilneck, Rolando Figueroa y el secretario general del CFI, Ignacio Lamothe. La iniciativa apunta a relevar los flujos actuales y futuros de circulación para detectar cuellos de botella, necesidades logísticas y obras clave en una zona que ya muestra signos de saturación en varios corredores viales.

La decisión retoma un planteo que los gobernadores vienen sosteniendo desde hace meses: la infraestructura existente quedó por detrás de la nueva dinámica económica regional. El desarrollo energético en Neuquén, combinado con la actividad frutícola, industrial y comercial del norte patagónico, modificó el movimiento de cargas y personas y exige una planificación coordinada entre ambas provincias.

Según lo previsto, el estudio no se limitará a las rutas. También incluirá el análisis del sistema ferroviario, los corredores logísticos y la vinculación con nodos estratégicos para la producción. La meta es construir una hoja de ruta con obras priorizadas y herramientas para acompañar el crecimiento de mediano y largo plazo.

El financiamiento del trabajo estará a cargo del CFI, que además participará de la supervisión técnica. Río Negro y Neuquén, por su parte, aportarán equipos profesionales propios para elaborar diagnósticos, validar información y traducir los resultados en decisiones de gestión. La intención es que el informe final sirva de base para futuras inversiones públicas y privadas.

Uno de los puntos centrales será anticipar escenarios. Los gobiernos buscan no sólo resolver problemas actuales, sino también proyectar cómo impactará en la región el crecimiento esperado de la producción hidrocarburífera, la actividad industrial y la circulación asociada a nuevos desarrollos urbanos y logísticos.

El esquema contempla además una participación amplia de actores territoriales. Podrán intervenir municipios, cámaras empresarias, empresas y universidades, con el objetivo de sumar información y construir consensos sobre las prioridades. Esa apertura busca darle al plan una mirada regional y evitar soluciones fragmentadas.

La iniciativa se inscribe en una agenda más amplia de coordinación entre Río Negro y Neuquén, en momentos en que ambas provincias discuten obras clave para sostener la expansión económica del norte patagónico. La conectividad del Alto Valle aparece así como un tema estructural, con impacto directo en la competitividad, la seguridad vial y la calidad de vida de quienes viven y trabajan en la región.