La flexibilización de la barrera sanitaria patagónica empezó a mostrar, con números concretos, el efecto que buscaba el Gobierno nacional: más oferta de carne vacuna y precios más bajos para los consumidores del norte de la Patagonia. En Río Negro y Neuquén, el ingreso de cortes con hueso plano desde zonas ubicadas al norte del río Colorado contribuyó a una caída significativa del precio del asado y redujo una distorsión histórica que durante años encareció ese producto en la región.
La modificación quedó formalizada primero en la Resolución 180/2025 y, tras una prórroga y una mesa de diálogo con las provincias patagónicas, fue redefinida por la Resolución 460/2025 del Senasa, publicada el 27 de junio de 2025. La norma habilitó el ingreso de carne bovina con hueso sólo en cortes que contengan huesos planos, como asado y esternón, y excluyó medias reses y cuartos. El organismo sostuvo que la adecuación se apoyó en la situación sanitaria del país, en estándares de la Organización Mundial de Sanidad Animal y en la conformidad expresada por Chile y la Unión Europea respecto de los cambios.
En los hechos, la apertura parcial sumó proveedores y mejoró la competencia en un mercado que hasta entonces tenía una oferta mucho más restringida. El propio Senasa presentó la medida como una actualización de una restricción “histórica” para favorecer la disponibilidad de carne sin comprometer el estatus sanitario patagónico ni los acuerdos comerciales externos. Ese cambio regulatorio permitió que frigoríficos de otras regiones abastecieran con mayor fluidez a carnicerías y supermercados del Alto Valle y de Neuquén.
Los relevamientos periodísticos basados en datos del INTA muestran que el impacto fue visible en las góndolas. Según publicó La Nación sobre la base del último informe de la Estación Experimental Bariloche, en julio de 2026 el kilo de asado promedió 13.490 pesos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, con una baja nominal del 18% respecto de junio. El mismo reporte describió que se trató de uno de los valores más bajos de la última década medidos en dólares para esa región.
La tendencia ya se había advertido antes. Un año después del primer cambio regulatorio, Diario Río Negro consignó que la flexibilización terminó entrando en vigencia a fines de junio de 2025 y que en la etapa inicial aparecieron promociones de hasta 10.000 pesos por kilo en puntos de venta de Neuquén. Aunque luego hubo reacomodamientos y diferencias según zona y canal comercial, el objetivo de quebrar el sobreprecio histórico del asado al sur de la barrera empezó a cumplirse.
El dato más relevante es que la medida no sólo generó bajas puntuales, sino que achicó una brecha estructural. Antes de la apertura, el asado en el norte de la Patagonia se ubicaba muy por encima de los valores del resto del país. Ya en 2026, informes y coberturas sectoriales comenzaron a registrar escenarios inéditos: paridad, y en algunos momentos incluso precios por debajo de mercados ubicados al norte de la barrera. Para los consumidores de Río Negro y Neuquén, eso implicó una mejora concreta en el acceso a uno de los cortes más representativos de la mesa familiar.
La discusión con parte del sector ganadero patagónico, sin embargo, no desapareció. Entidades rurales y gobiernos provinciales del sur expresaron objeciones por el resguardo del estatus sanitario diferencial de la región y por el impacto sobre la producción local. Pero la normativa vigente mantuvo restricciones específicas, trazabilidad y exigencias de proceso: sólo se autorizó carne proveniente de establecimientos habilitados, con controles ante y post mortem, maduración, empaque identificado y cortes limitados a huesos planos en bovinos.
Con ese esquema, la flexibilización no equivalió a una apertura irrestricta, sino a una corrección focalizada de una barrera que también tenía efectos económicos sobre el consumo. La evidencia disponible hasta agosto de 2026 indica que, al menos en el norte patagónico, la medida fue beneficiosa para el bolsillo: aumentó la competencia, amplió el abastecimiento y ayudó a derrumbar un diferencial de precios que durante décadas castigó a los consumidores de la región.
Para Río Negro y Neuquén, donde el costo de la carne venía siendo una queja recurrente de familias, comerciantes y gobiernos provinciales, el cambio regulatorio dejó así un saldo favorable en el mostrador. El desafío hacia adelante será sostener ese alivio sin alterar las condiciones sanitarias que distinguen a la Patagonia, un equilibrio que por ahora el esquema oficial busca preservar con aperturas parciales y controles específicos.
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