Después de jubilarse, Hugo decidió cambiar la vida puertas adentro por la ruta. A los 71 años, tomó una Renault Kangoo, la adaptó con elementos básicos de descanso y cocina y la convirtió en una vivienda mínima para recorrer el país y avanzar, de a poco, por distintos puntos de Latinoamérica. “Tengo una cama de 1.90, calentador, wifi y lo necesario para la ruta”, resumió al contar cómo organizó su nueva vida viajera.
El hombre vive en Alta Gracia, Córdoba, y se volvió conocido a partir de una entrevista publicada por el youtuber de viajes Fernando Ressia, donde mostró el interior del vehículo y relató cómo nació el proyecto. Según ese testimonio, la transformación fue hecha por él mismo, con la idea de ganar comodidad sin perder movilidad y de resolver, en un espacio reducido, lo esencial para dormir, cocinar algo simple y seguir camino.
La camioneta, una Kangoo de una generación anterior, funciona como dormitorio y base de operaciones. Hugo contó que allí instaló un catre que luego completó con un colchón de alta densidad hecho a medida para alcanzar los 1,90 metros de largo. No tiene baño ni altura para permanecer de pie, por lo que suele detenerse en estaciones de servicio, campings u otros lugares habilitados para asearse y descansar después de manejar.
El viaje empezó en febrero, cuando salió desde Córdoba con la intención de cruzar a Chile y avanzar por la Carretera Austral. En un primer intento, explicó, tuvo inconvenientes para concretar el cruce fronterizo y debió modificar el plan. Lejos de desistir, siguió por la ruta 40 y más tarde retomó la idea pendiente: meses después logró internarse en el sur chileno y recorrer tramos de ripio, puertos y localidades de esa mítica traza patagónica.
En ese recorrido, dijo haber hecho cerca de 900 kilómetros sobre ripio, una exigencia considerable para un vehículo compacto reacondicionado de manera artesanal. Aun así, presentó la experiencia como parte del sentido del viaje: avanzar sin apuro, entrar a pueblos y costas, y convertir cada parada en una forma de conocer el territorio desde cerca.
La decisión, según relató, apareció con fuerza al momento del retiro laboral. “¿Qué hago de mi vida?”, se preguntó, y la respuesta fue salir. Contó que antes había sido aficionado a las motos y que, al dejar esa etapa, empezó a mirar experiencias de viajeros que vivían en vehículos pequeños. De allí surgió la idea de transformar su utilitario en un mini motorhome, con criterios de austeridad y autonomía.
Más que una aventura extrema, Hugo plantea el viaje como una elección de vida. En la entrevista sostuvo que no lo hace con fines comerciales ni como emprendimiento turístico, sino para disfrutar el tiempo disponible y sostener una rutina más libre. También definió su travesía con una frase que sintetiza el espíritu del proyecto: se considera “un viajero con salida, pero sin retorno”.
El fenómeno de las casas rodantes y vehículos adaptados viene creciendo en distintos puntos del país, tanto entre jubilados como entre familias jóvenes que buscan formas más flexibles y económicas de viajar. En ciudades turísticas, incluso, el aumento de este tipo de tránsito ya empezó a abrir debates sobre estacionamiento, pernocte y servicios para motorhomes y campers.
En ese contexto, la historia de Hugo conecta con una tendencia más amplia, pero conserva un rasgo singular: la escala íntima del proyecto y la decisión de emprenderlo en soledad, a una edad en la que muchos piensan en la quietud. Desde una Kangoo convertida en refugio móvil, su apuesta pasa por seguir sumando kilómetros, con lo justo a mano y la ruta como horizonte.
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