Un comerciante fue procesado por intimidación pública tras dejar una conservadora en el sector de Arribos Nacionales de Aeroparque con un riñón animal sobre hielo y una inscripción que mencionaba un secuestro y a una abogada de Bariloche. La escena, que el acusado atribuyó a una broma privada, activó un operativo de seguridad y derivó en una investigación federal que terminó con su detención y posterior liberación.
El episodio ocurrió el 19 de agosto y comenzó cuando taxistas advirtieron la presencia de la conservadora abandonada en un cantero del aeropuerto porteño. El envase, de los utilizados para transportar medicamentos con cadena de frío, tenía escrito con marcador negro un mensaje dirigido a una mujer identificada por sus iniciales y con referencia a Bariloche. Por la naturaleza del hallazgo, intervino personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y del grupo especializado en explosivos, además de bomberos y personal sanitario.
Al abrir la caja, los peritos descartaron la presencia de explosivos, pero encontraron una víscera sobre hielo. En un primer momento se pidió asistencia al Incucai para determinar si podía tratarse de un órgano humano. Más tarde, los especialistas concluyeron que era un riñón de origen animal, un dato que cambió el eje de la investigación pero no neutralizó el impacto del hecho en una terminal aérea internacional.
Las cámaras de seguridad permitieron reconstruir el recorrido del sospechoso. Según la pesquisa, cerca de siete horas antes del hallazgo llegó a Aeroparque en una Fiat Fiorino blanca, descendió con la conservadora, cruzó la avenida Rafael Obligado, grabó un video con su celular y dejó el paquete en el lugar. Luego regresó al vehículo y se retiró. Ese material, junto con otros elementos reunidos por los investigadores, fue clave para individualizarlo.
La principal pista surgió a partir de la mujer mencionada en la inscripción, una abogada barilochense que reconoció la conservadora al ver las imágenes y aportó un video al juzgado. De acuerdo con lo que declaró, mantenía una relación de amistad con el acusado y la escena estaba vinculada con una broma privada sobre un viaje y el consumo de alcohol. También aclaró que no se sintió amenazada. Aun así, la Justicia siguió adelante con el expediente por el efecto público que generó la maniobra.
El hombre, identificado como Pablo Daniel Fagni, reconoció en su indagatoria haber comprado el órgano, preparado la conservadora y dejado la caja en Aeroparque. Sostuvo que buscó darle verosimilitud al chiste, que eligió una terminal aérea para que la escena pareciera real y que no midió el alcance del operativo que podía desencadenar. Dijo además estar arrepentido y definió lo ocurrido como una “broma que salió mal”.
Para el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi, esa explicación no alcanza para excluir responsabilidad penal. En la resolución, entendió que la combinación de una conservadora asociada a traslados médicos, una víscera en su interior y una leyenda con tono amenazante tenía capacidad suficiente para infundir temor y alterar la tranquilidad pública. Por eso dispuso el procesamiento por intimidación pública, con embargo de bienes, aunque sin prisión preventiva.
La causa también dejó abierta, al menos en forma provisional, la línea vinculada con eventuales amenazas hacia la mujer mencionada en la inscripción. En ese tramo, el magistrado dictó la falta de mérito y aguardó más medidas de prueba, entre ellas el peritaje del teléfono secuestrado. Mientras tanto, el episodio quedó instalado como uno de los casos más insólitos de los últimos tiempos en Aeroparque: una broma privada que terminó en un operativo de seguridad y en un expediente federal.
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