Bariloche se encamina a discutir la reforma de su Carta Orgánica Municipal con una mirada que excede la disputa por cargos o mandatos y pone el acento en cómo debería organizarse la ciudad en las próximas dos décadas. En ese marco, comenzó a instalarse un paquete de diez ideas que apunta a modernizar la gestión, reforzar el control institucional y adaptar las reglas locales a nuevos desafíos urbanos, sociales y tecnológicos.

Uno de los planteos centrales es reducir la burocracia y avanzar con herramientas digitales que permitan trazabilidad real de las decisiones públicas. La propuesta sostiene que no alcanza con sumar firmas y expedientes, sino que cada acto de gobierno debería poder seguirse en forma clara: quién resolvió, por qué, cuánto costó y qué resultado produjo.

En la misma línea, el debate incluye redefinir con mayor precisión las funciones de cada poder municipal. El objetivo es que el Ejecutivo gobierne, el Concejo Deliberante legisle y ejerza control político, y el Tribunal de Contralor actúe con independencia y apoyado en tecnología capaz de detectar sobreprecios, contrataciones repetidas o desvíos presupuestarios.

Otro de los ejes es pasar de una administración evaluada sólo por el gasto a un Estado medido por resultados. La idea es que cada área municipal tenga objetivos públicos y verificables, para saber, por ejemplo, si una inversión en calles mejora efectivamente la transitabilidad o si una política de transporte mejora las frecuencias y la calidad del servicio.

La infraestructura también aparece como un capítulo estratégico. La reforma propone pensar la ciudad a veinte años y crear un Fondo Permanente de Infraestructura destinado a obras de largo plazo, como calles, pluviales, conectividad y servicios. El planteo busca evitar que esos problemas vuelvan a discutirse desde cero en cada cambio de gestión.

En materia de suelo y vivienda, la discusión apunta a que parte del valor generado por el Estado o por cambios urbanísticos retorne a la comunidad. El criterio sería capturar una fracción razonable de esa plusvalía para destinarla a suelo urbano, vivienda e infraestructura, en una ciudad donde el acceso a un lugar donde vivir se volvió cada vez más difícil para muchas familias.

La representación política es otro de los puntos en debate. El esquema sugerido combina concejales elegidos por toda la ciudad con otros por representación territorial, para dar respuesta a las diferencias entre el Oeste, el Alto, el Este y el Centro. La discusión, según esa mirada, no pasa sólo por la cantidad de bancas sino por asegurar que todos los sectores tengan voz efectiva.

También se impulsa una democracia municipal más permanente, con participación ciudadana sostenida más allá de la elección de cada cuatro años. En ese marco, una plataforma digital permitiría hacer trámites, consultar expedientes, presentar iniciativas y acceder a datos sobre obras, contrataciones y presupuesto.

La reforma incorpora además el impacto de la inteligencia artificial en la administración pública. La premisa es que el Municipio deberá definir bajo qué reglas utilizará esas herramientas, con revisión humana en decisiones que afecten derechos, protección de datos y sistemas auditables. El planteo entiende que la tecnología puede mejorar controles, tránsito o trámites, pero no reemplazar el criterio institucional.

Finalmente, el debate incluye ambiente y desarrollo como dimensiones que no deberían pensarse en oposición. La propuesta sostiene que Bariloche necesita inversión, trabajo, vivienda e infraestructura, pero con un desarrollo compatible con su entorno natural. También plantea una revisión periódica de organismos, trámites, tasas y procedimientos para evitar la llamada burocracia eterna.

Con estos ejes sobre la mesa, la reforma de la Carta Orgánica aparece como una discusión de fondo sobre qué tipo de ciudad quiere proyectar Bariloche hacia mediados de siglo. La definición no sólo ordenará el funcionamiento institucional local, sino también el modo en que el municipio enfrentará los desafíos de gobernabilidad, crecimiento y modernización en los próximos años.