La incertidumbre volvió a instalarse en el Centro Atómico Bariloche ante la posibilidad de que la Comisión Nacional de Energía Atómica avance con una reestructuración de alcance nacional que, según trabajadores del sector, podría implicar la salida de alrededor de 1.500 agentes. La preocupación se intensificó con el inicio de retiros voluntarios y con versiones sobre una nueva organización interna del organismo.
En Bariloche, representantes gremiales advirtieron que el impacto no sería solo administrativo, sino también operativo, por el peso que el Centro Atómico tiene dentro del entramado científico y tecnológico de la ciudad. La advertencia se da en un contexto de tensión prolongada dentro de la CNEA, donde conviven reclamos por funciones, financiamiento y continuidad de proyectos estratégicos.
Carolina Ayala, referente de ATE y trabajadora del Centro Atómico Bariloche, sostuvo que la reorganización en estudio podría dejar afuera a una porción importante del personal. Según planteó, la inquietud principal pasa por conocer cuántos trabajadores quedarían dentro de la futura estructura y qué áreas serían alcanzadas por la poda. También mencionó que se proyectaría la eliminación de numerosas gerencias, con el consecuente efecto sobre equipos enteros.
En paralelo, persiste el conflicto en torno al proyecto CAREM. De acuerdo con el planteo gremial, un grupo de trabajadores presentó una nota para pedir tareas concretas y luego habría sufrido la quita de un adicional salarial vinculado a proyectos estratégicos. La dirigenta sindical consideró que la medida funcionó como un castigo frente a un reclamo que, según su versión, fue pacífico y administrativo.
El adicional en discusión corresponde a la compensación por actividades especiales en proyectos estratégicos. Los trabajadores afectados reclamaron, de acuerdo con esa presentación, que se restituya el pago, se abonen las diferencias acumuladas y se informe el acto administrativo que habría fundado la interrupción del beneficio. La medida cautelar presentada por el sector apunta en esa dirección.
Otro de los puntos que genera alarma entre los trabajadores es el esquema de retiros voluntarios. Ayala cuestionó los montos ofrecidos y señaló que, en algunos casos, quienes adhieran no podrían volver a emplearse en organismos o empresas del sector nuclear. Ese punto, de confirmarse, afectaría el recorrido laboral de técnicos y profesionales con alta especialización.
La preocupación no se limita al Centro Atómico Bariloche. Desde el sector gremial insisten en que una reducción de personal en la CNEA tendría efectos en toda la red nuclear argentina, que articula investigación, desarrollo, tecnología y soporte a instalaciones estratégicas. En ese marco, Bariloche aparece como uno de los puntos más sensibles por la presencia de recursos humanos altamente calificados y proyectos de largo plazo.
Mientras tanto, el reclamo se prepara para seguir en la calle. Desde ATE anticiparon que podrían coordinar acciones con otros sectores de ciencia, tecnología, educación y organismos públicos. En el sistema nuclear, el clima es de expectativa y preocupación a la espera de definiciones oficiales sobre el alcance real de la reestructuración.
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