Un conductor domiciliado en Cinco Saltos fue interceptado en la Ruta Nacional 22, a la altura de la rotonda de acceso a Cipolletti, luego de que otros automovilistas alertaran por maniobras peligrosas. Al someterlo al test de alcoholemia, el resultado fue contundente: 2,61 gramos de alcohol por litro de sangre, una graduación muy elevada para circular por la vía pública.
El episodio ocurrió durante la madrugada del domingo, cerca de las 2:30, cuando el hombre viajaba en una camioneta Nissan doble cabina blanca desde Allen hacia Cipolletti. La advertencia de un testigo activó el operativo y permitió que el aviso llegara al sistema de emergencias 911, que a su vez derivó la intervención policial.
Según la información oficial, el conductor fue localizado por personal del Cuerpo de Seguridad Vial sobre la traza nacional, en inmediaciones de la rotonda de calle Pacheco. Allí se realizó el control de alcoholemia que confirmó el estado de intoxicación y derivó en el secuestro del vehículo.
A la infracción por alcohol al volante se sumó otro dato relevante: el hombre no contaba con licencia habilitante para conducir. Por esa razón, además del retiro de circulación de la camioneta, se labró el acta correspondiente y quedó expuesto a una sanción económica.
En Río Negro rige la Ley de Alcohol Cero, que prohíbe manejar con cualquier nivel de alcoholemia positivo. En ese marco, un registro de 2,61 g/l representa un caso de altísimo riesgo para la seguridad vial, tanto para el conductor como para terceros que circulaban por la ruta en ese momento.
El procedimiento se enmarcó en un fin de semana de fuertes controles en Cipolletti y sus accesos, donde el Cuerpo de Seguridad Vial detectó múltiples infracciones. En uno de esos operativos, las autoridades informaron 15 alcoholemias positivas y 23 actas labradas en total, con puestos distribuidos en la zona de los puentes carreteros, la Ruta 22, la Ruta Provincial 65 y la variante del Tercer Puente.
Desde el Gobierno provincial destacaron que la advertencia de un ciudadano permitió activar una cadena de prevención que conectó al 911, los centros de seguridad y los móviles policiales de distintas localidades. En rutas de alto tránsito como la 22, ese tipo de intervenciones suele ser clave para evitar siniestros graves.
El caso vuelve a exponer el impacto de la conducción bajo los efectos del alcohol en los corredores viales del Alto Valle, donde los controles se vienen intensificando. Esta vez, el final fue una retención preventiva y una infracción grave; un desenlace mucho menos trágico que el que podría haber tenido una maniobra similar en una ruta nacional con tránsito constante.
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