La suba del riesgo país empezó a alterar los planes del Gobierno para afrontar los pagos de deuda previstos para 2027 y empuja al equipo económico a explorar fuentes de financiamiento alternativas. En ese esquema, aparecen como opciones nuevos préstamos REPO con bancos internacionales, un eventual swap con Estados Unidos y una mayor acumulación de reservas por parte del Banco Central.

El punto de partida era la intención oficial de colocar alrededor de US$ 5.000 millones en bonos en el mercado local, pero la estrategia quedó en pausa porque las tasas exigidas por los inversores se volvieron demasiado elevadas. Ese encarecimiento también impactó en otras licitaciones recientes del Tesoro, que evitó convalidar rendimientos en dólares considerados excesivos por la Casa Rosada.

La dificultad no se limita al financiamiento en pesos o en dólares dentro del país. La suba del riesgo país también reavivó dudas en Wall Street sobre cómo hará la Argentina para cubrir vencimientos con bonistas privados y compromisos con el Fondo Monetario Internacional sin tensionar aún más el frente cambiario.

En julio, el ministro de Economía, Luis Caputo, había presentado un programa financiero que contemplaba cancelar casi US$ 25.000 millones en 2027, con una parte relevante en manos de acreedores privados. Ese esquema incluía no solo la emisión de bonos en el mercado doméstico, sino también la compra de reservas por parte del Tesoro para reforzar la posición del Banco Central.

Sin embargo, la última escalada del riesgo país y la caída del apetito por deuda argentina complicaron esos supuestos. En paralelo, el Banco Central mostró un ritmo de compras de divisas más lento en septiembre que en los meses previos, en medio de la decisión oficial de evitar una presión adicional sobre el tipo de cambio y la inflación.

La necesidad de sostener reservas es clave porque, si el Tesoro no consigue colocar deuda en dólares a tasas razonables, la carga sobre el Banco Central crece. En el mercado, algunos analistas consideran que, ante ese escenario, podrían ganar peso mecanismos extraordinarios de financiamiento o un mayor uso de herramientas ya activadas este año, como los REPO con bancos internacionales.

La alternativa de un swap con Estados Unidos también circula entre los instrumentos bajo análisis, aunque su eventual concreción dependería de una decisión política y técnica en Washington. No se trata de una vía automática ni de una solución inmediata, pero aparece como una de las opciones mencionadas por operadores e inversores que siguen de cerca el programa financiero.

Mientras tanto, el Gobierno sostiene que conserva margen para evitar una crisis de liquidez y que el esquema general de financiamiento ya fue presentado. La incógnita pasa por si las condiciones del mercado permitirán sostenerlo sin forzar una mayor utilización de reservas o de asistencia externa en los meses previos a 2027.