La Patagonia volvió a poner en marcha una batería de tareas preventivas para sostener su condición de área libre de moscas de la fruta, un estatus sanitario que resulta decisivo para la fruticultura regional y para la continuidad de exportaciones a mercados de alta exigencia. Según información oficial, el trabajo combina controles en barreras zoofitosanitarias, vigilancia en valles productivos y acciones directas sobre árboles y frutas hospedantes en zonas urbanas y rurales.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) coordina la recolección y el muestreo de fruta madura o caída, tratamientos fitosanitarios, poda y erradicación de hospederos, mientras que el Programa Nacional de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos en Patagonia, ejecutado por la Funbapa, aporta brigadas específicas para el monitoreo y la intervención en terreno. Las tareas apuntan a reducir los sitios donde la plaga puede reproducirse y dispersarse.

Entre las especies que pueden funcionar como refugio para la plaga figuran cítricos, frutales de carozo y pepita, higueras y otras plantas con fruta susceptible. Por eso, además de los controles técnicos, los brigadistas también desarrollan una instancia de concientización con vecinos y vecinas para que no dejen fruta en el suelo ni la acumulen sin retiro, una práctica que favorece la aparición de condiciones propicias para la plaga.

El esquema de protección no es nuevo, pero sí se mantiene en actualización permanente. El programa nacional de moscas de la fruta fue reformulado este año por el Senasa, que unificó y actualizó la normativa vigente para ordenar mejor la vigilancia, el manejo integrado y la detección temprana de especies ausentes en determinadas regiones. En Patagonia, ese marco se articula con la acción histórica de la barrera zoofitosanitaria y de los puestos de control interno.

La condición de área libre de moscas de la fruta es uno de los activos sanitarios más sensibles de la región. Desde hace años, su preservación permite sostener el acceso a plazas comerciales exigentes y resguardar la competitividad de la fruticultura patagónica, un sector que depende de esa certificación para mover fruta fresca con mejores condiciones sanitarias y comerciales.

En paralelo, el esquema de financiamiento del programa se sostiene con un canon aplicado a la fruta destinada a exportación, mercado interno e industria. De acuerdo con la información oficial, esos fondos se usan para fortalecer la vigilancia fitosanitaria, modernizar infraestructura, incorporar tecnología y optimizar el sistema de liberación de insectos estériles.

Para los productores y para las economías regionales, la prevención resulta más barata y efectiva que una respuesta de emergencia ante un eventual foco. Por eso, la estrategia oficial insiste en sostener controles cotidianos, intervenir rápido sobre hospederos y reforzar la cooperación entre organismos públicos, la fundación sanitaria y la población.

Quienes necesiten información o requieran una visita de brigadistas del programa pueden canalizar el pedido a través de los contactos institucionales de Funbapa. En una región donde la sanidad vegetal también define trabajo, exportaciones y resguardo productivo, la prevención sigue siendo la primera línea de defensa.