Javier Milei vuelve hoy al país luego de su escala en Francia y, según la hoja de ruta oficial, la Casa Rosada apunta a reordenar de inmediato su frente político para empujar en el Congreso la agenda de reformas, el Presupuesto y las iniciativas que el oficialismo considera centrales para esta etapa. La gira dejó como saldo reuniones con Emmanuel Macron, encuentros con empresarios e inversores y un gesto de respaldo a la estrategia de buscar apoyos federales para las leyes que vienen.
Durante su paso por París, el Presidente expuso ante empresarios y dirigentes políticos en el marco de la Argentina Week, donde remarcó las oportunidades vinculadas con energía, minería e inversiones, y volvió a defender el programa de ajuste fiscal y desregulación. En la misma visita, además, mantuvo una bilateral con Macron y recibió una distinción del Foro Económico de París, en un viaje que la administración libertaria presentó como parte de su ofensiva para atraer capitales y consolidar confianza externa.
La otra pata del viaje fue política. Milei agradeció públicamente el acompañamiento de gobernadores que lo acompañaron en la agenda francesa y, puertas adentro, el oficialismo busca capitalizar esa foto para avanzar con acuerdos legislativos en un Congreso donde no tiene mayoría propia. En esa línea, el Gobierno intenta ordenar conversaciones con bloques aliados y mandatarios provinciales para sostener un paquete que incluye la discusión del Presupuesto y reformas que la administración considera prioritarias.
Ese movimiento se da en paralelo a una semana de fuerte ruido político interno. Desde el área económica, Luis Caputo replicó un mensaje crítico hacia el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, luego de sus declaraciones sobre la crisis social y la pobreza, un cruce que expuso tensiones entre el Gobierno y la Iglesia en la previa de la peregrinación a Luján. El episodio volvió a mostrar que, incluso mientras el Presidente buscaba proyección internacional, el oficialismo siguió atravesado por discusiones domésticas.
En el plano económico, Caputo defendió en París el rumbo del programa y sostuvo que la economía crece a un ritmo menor, pero no estaría en recesión, al atribuir la volatilidad reciente a shocks externos y al clima político. La lectura oficial es que la incertidumbre electoral y la reacción de los mercados todavía condicionan la marcha del programa, aunque la meta sigue siendo sostener el equilibrio fiscal y profundizar la agenda de cambios estructurales.
La semana en Francia también dejó anuncios de inversiones y señales de apoyo a sectores estratégicos, especialmente energía, donde el Gobierno busca mostrar que la estabilización macroeconómica puede traducirse en proyectos concretos. La apuesta oficial es que esa narrativa de apertura, obras y capitales externos sirva como respaldo para la negociación parlamentaria que ahora se traslada otra vez a Buenos Aires.
Con el regreso del Presidente, el oficialismo enfrenta el tramo más sensible del año: necesita orden político, alianzas legislativas y resultados económicos que le permitan sostener el rumbo sin perder iniciativa. En ese tablero, el Congreso vuelve a quedar en el centro de la escena, tanto por las leyes que el Gobierno quiere aprobar como por la capacidad de Milei de transformar sus señales de París en votos en el recinto.
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