El Movimiento Popular Neuquino abrirá una nueva etapa desde septiembre con la asunción de Gabriel Álamo al frente del partido. El recambio se produce después de la derrota electoral de 2023, que dejó al histórico sello provincial fuera del gobierno y lo empujó a revisar su estrategia política y su forma de vincularse con la actual gestión.
Álamo, hoy diputado provincial y referente de Primero Neuquén, sostuvo que la intención es acompañar la reelección de Rolando Figueroa y aportar a una etapa de mayor articulación. Definió al MPN como un “aliado clave” y buscó correrse de la lógica de confrontación que predominó en la interna partidaria tras la salida del poder.
La conducción partidaria quedó sellada en una elección interna en la que la lista Celeste y Blanca, encabezada por Álamo, se impuso con amplitud. La definición terminó de consolidar un liderazgo que ya venía ganando terreno dentro del espacio y que ahora procurará ordenar una estructura golpeada por la pérdida del control del Ejecutivo provincial.
En su planteo, el futuro presidente del MPN remarcó la necesidad de preservar una identidad neuquina basada en la autonomía provincial, la defensa de los recursos y el peso institucional del partido. Pero al mismo tiempo dejó en claro que esa bandera no debe traducirse en un esquema de oposición cerrada, sino en una relación de acompañamiento con el gobierno actual.
Álamo interpretó que el partido debe abandonar una etapa de fracturas internas y trabajar en un proyecto común. En ese sentido, planteó que el nuevo desafío consiste en sumar y no dividir, con una mirada de justicia social y de reconstrucción del vínculo con la militancia, los intendentes y los cuadros territoriales.
También valoró la presencia dentro del esquema oficialista de dirigentes con pasado emepenista. Mencionó el rol del ministro Jefe de Gabinete, Juan Luis Ousset, y del ministro de Energía, Gustavo Medele, como parte de una continuidad política que conecta al MPN con la administración de Figueroa.
La redefinición partidaria aparece además en un contexto en el que Primero Neuquén, el espacio que lidera Mariano Gaido, intenta consolidarse como herramienta electoral propia. Ese movimiento empuja al MPN a reubicarse en el mapa político provincial y a decidir si será un actor competitivo por sí mismo o un sostén institucional del oficialismo neuquino.
Con ese telón de fondo, el recambio en la presidencia partidaria busca ordenar la transición y evitar una dispersión mayor del universo emepenista. La apuesta de la nueva conducción es reconstruir volumen político sin romper con el gobierno, en una provincia donde el legado del MPN sigue teniendo peso, pero ya no garantiza centralidad por sí solo.
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