La decisión del gobierno de Neuquén de licitar el proyecto ejecutivo para desarrollar una obra de riego sobre 50.000 hectáreas fue planteada como un punto de inflexión para el futuro productivo de la provincia. La iniciativa apunta a recuperar una discusión histórica en la región: cómo sumar superficie cultivable y transformar en riqueza permanente parte de los recursos hídricos disponibles.

El planteo sostiene que poner tierras bajo riego no es solo una obra de infraestructura, sino una estrategia de desarrollo. En una provincia atravesada por el peso creciente de Vaca Muerta, el proyecto aparece como una alternativa para diversificar la matriz económica y fortalecer actividades de base agroindustrial con mayor estabilidad en el largo plazo.

El artículo repasa que la expansión del riego fue central en la conformación productiva del norte patagónico. Desde las primeras obras sobre el río Neuquén hasta el sistema de canales que permitió consolidar áreas frutícolas y forrajeras, el aprovechamiento del agua fue decisivo para convertir superficies áridas en zonas de producción intensiva.

En ese marco, la nueva iniciativa es presentada como una oportunidad para retomar una agenda que durante años avanzó con estudios, anuncios y proyectos parciales, pero sin una concreción de gran escala. La referencia a experiencias previas inconclusas refuerza la idea de que esta vez el desafío no pasa solo por diseñar técnicamente la obra, sino por sostener la decisión política y financiera necesaria para ejecutarla.

El desarrollo previsto se ubicaría en el área de Añelo y su zona de influencia, dentro del corredor vinculado al viento y a la actividad energética. Esa localización no es menor: combina cercanía con infraestructura en expansión, demanda creciente y posibilidades de abastecimiento para una región que hoy se reconfigura a gran velocidad por el shale.

La apuesta oficial es que el riego abra la puerta a nuevas inversiones agropecuarias, agroindustriales y logísticas. También permitiría incorporar empleo y actividad en cadenas que no dependen exclusivamente de la renta hidrocarburífera, en un contexto en el que Neuquén busca aprovechar el auge energético para financiar transformaciones de más largo alcance.

El enfoque remarca además que las grandes obras de riego tienen impacto territorial y social. No solo modifican el uso del suelo, sino que pueden generar nuevos asentamientos productivos, demanda de servicios, ampliación de infraestructura y mayor integración entre áreas hoy poco aprovechadas.

Aun así, el proyecto abre interrogantes sobre plazos, costos, financiamiento y prioridades. La licitación del proyecto ejecutivo representa un paso inicial importante, pero todavía distante de la ejecución de la obra. La discusión de fondo será si Neuquén logra convertir esta definición en una política sostenida y no en otro intento que quede a mitad de camino.